Mas de 75 catedráticos apoyan el matrimonio homosexual // Madres y padres piden avances contra la homofobia en las iglesias // Benedicto XVI y las amenazas contra la humanidad // Documental sobre homosexualidad Porque La Biblia Me Lo Dice

En el marco de la campaña emprendida por el Colectivo de Lesbianas, Gays, Transexuales y Bisexuales de Madrid (COGAM) en defensa de la constitucionalidad de la ley de reforma del Código civil que permite el matrimonio entre personas del mismo sexo, en una semana han sido más de setenta y cinco las y los Catedráticos y Profesores de Derecho Constitucional de Universidades de toda España que han dejado constancia expresa de que –en su opinión- la ley referida es perfectamente constitucional.
Esta norma, que fue aprobada por el Congreso de los Diputados el 30 de junio de 2005, fue recurrida ante el Tribunal Constitucional por 72 diputados del Grupo Parlamentario Popular. Desde su entrada en vigor, el 3 de julio de 2005, se han contraído en España más de 23.000 matrimonios entre personas del mismo sexo, al tiempo que se han generado numerosos negocios jurídicos de diversa índole.
Y todo ello sin que se haya alterado en absoluto el orden público y la paz social, y, por supuesto, sin que la familia tradicional se haya visto en nada perjudicada, tal y como sostenían los recurrentes y quienes les apoyaban social, política y mediáticamente.
A la espera de que el Tribunal Constitucional resuelva, por fin, el recurso de inconstitucionalidad, lo que, de cumplirse lo anunciado en su día por su Presidente,
debería ocurrir en breve, desde COGAM tenemos la convicción, ahora firmemente fundamentada con esta amplia adhesión de destacados especialistas en Derecho Constitucional,
de que la llamada ley del matrimonio homosexual es plenamente constitucional. Ya solo cabe esperar, por tanto, que el Alto Tribunal se pronuncie a la mayor brevedad posible,
poniendo así fin a una situación que, por la inseguridad jurídica que genera, y porque afecta a la dignidad de un colectivo tradicionalmente discriminado, resulta a todas luces insostenible.
Esta iniciativa tuvo su origen en la llamada que en noviembre del año pasado hicimos desde COGAM a destacadas personalidades del mundo académico para solicitar su apoyo a favor de la constitucionalidad del matrimonio entre personas del mismo sexo,
y que se tradujo en la publicación del Cuaderno “Matrimonio = Matrimonio”, en el que se recogen las contribuciones de los Profs. Amelia Valcárcel, Gregorio Peces-Barba, Germán Gómez Orfanel y José María Miquel.
A todos estos profesores queremos mostrarles públicamente desde COGAM nuestro sincero agradecimiento por su compromiso y solidaridad con esta causa que consideramos tan justa.
Ya se han adherido a esta iniciativa:
Nombre y apellidos Universidad
1 Germán Gómez Orfanel Complutense de Madrid
2 Gurutz Jauregui Bereciartu Pais Vasco
3 Miguel Ángel Presno Linera Oviedo
4 Gregorio Cámara Villar Granada
5 Alejandro Ruiz-Huerta Carbonell Córdoba
6 Benito Alaez Corral Oviedo
7 Antonio Arroyo Gil Autónoma de Madrid
8 Lluís Medir Tejado Barcelona
9 Ángel Rodríguez Málaga
10 Joaquín Urías Sevilla
11 Vicente Antonio Sanjurjo Rivo Santiago de Compostela
12 Abraham Barrero Ortega Sevilla
13 Maria Isabel González Pascual Pompeu Fabra
14 Octavio Salazar Benítez Córdoba
15 Annaïck Fernández Le Gal Córdoba
16 Miguel Pérez-Moneo Barcelona
17 Ignacio Alvarez Rodriguez Valladolid
18 David Martínez Zorrilla Oberta de Catalunya
19 Carles Grima Camps Barcelona
20 Sara Ladària Lliteres Illes Balears
21 Victor Cuesta Las Palmas de Gran Canaria
22 Carlos Arce Jiménez Córdoba
23 Ana Sánchez Urrutia Barcelona
24 Juan Antonio Doncel Luengo Extremadura
25 Neus Oliveras Jané Rovira i Virgili
26 Eva Martínez Sampere Sevilla
27 Mª Dolores González Ayala Carlos III de Madrid
28 Cesáreo Rodríguez-Aguilera Barcelona
29 María José Pifarré de Moner Oberta de Catalunya
30 Ángel B. Gómez Puerto Córdoba
31 Enrique Guillén López Granada
32 David Giménez Gluck Carlos III de Madrid
33 Encarna Carmona Cuenca Alcalá
34 Pablo Sontolaya Machetti Alcalá
35 Eduardo Virgala Foruria País Vasco
36 Isabel M. Giménez Autónoma de Madrid
37 Jorge Lozano Miralles Jaén
38 Jordi Jaria i Manzano Rovira y Virgili
39 Blanca Rodríguez Ruiz Sevilla
40 Maria Nieves Saldaña Díaz Huelva
41 Manuel Medina Guerrero Sevilla
42 Francisco Javier Matía Portillo Valladolid
43 María Luz Martínez Alarcón Castilla-La Mancha
44 Pere Simón Castellano Girona
45 Joan Ridao Martín Barcelona
46 Juan Francisco Sánchez Barrilao Granada
47 Manuel Carrasco Durán Sevilla
48 Guillermo Escobar Roca Alcalá
49 Oscar Sánchez Muñoz Valladolid
50 Mariano García Pechuán Valencia
51 José Ángel Camisón Yagüe Extremadura
52 Ana Ruiz Legazpi Autónoma de Madrid
53 Mercè Barceló Serramalera Autónoma de Barcelona
54 Rafael Martínez Martínez Barcelona
55 Ana M. Sanz León Barcelona
56 José María Vidal Beltrán Valencia
57 Antonio Magdaleno Alegría Cantabria
58 Zulima Pérez i Segui Valencia
59 José Ángel Marín Gamez Jaén
60 Ciro Milione Córdoba
61 Joan Marcet Autónoma de Barcelona
62 Mayte Salvador Crespo Jaén
63 José María Porras Ramírez Granada
64 Susana Sánchez Ferro Autónoma de Madrid
65 Luis Gálvez Muñoz Murcia
66 Francesc de Carrera Serra Autónoma de Barcelona
67 Antonio Montiel Márquez Valencia
68 Miguel Ángel Aparicio Pérez Barcelona
69 Laura Chaqués Bonafont Barcelona
70 Eva Sáenz Royo Zaragoza
71 Francisco Balaguer Callejón Granada
72 Mercedes Iglesias Bárez Salamanca
73 José Antonio Montilla Martos Granada
74 Juan Ignacio Soler Tormo Valencia
75 María Díaz Crego Alcalá
76 Manuel Contreras Casado Zaragoza
77 Ascensión Elvira Perales Carlos III de Madrid
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Madres y padres piden avances contra la homofobia en las iglesias

La asociación de padres y madres con hijos homosexuales Familias por la Diversidad ha presentado en Andalucía la campaña “Jesús no rechazaba a nadie”, destinada a las comunidades cristianas.
En esta campaña la asociación denuncia la discriminación que aún hoy en día realizan algunas iglesias y resalta los avances contra la homofobia
que se vienen dando en los últimos años en diferentes iglesias cristianas en las que ya se aceptan a las parejas homosexuales, como la iglesia anglicana.
La campaña coincide con la sentencia que obliga a la readmisión de una profesora de religión despedida tras contraer matrimonio civil con un divorciado, si bien surge tras las denuncias de “homofobia sacerdotal” recibidas en la asociación en los últimos meses.
La presidenta de Familias por la Diversidad, Isabel Martínez, se muestra convencida: “las iglesias cristianas acabarán por aceptar a las parejas homosexuales en igualdad.
No tiene sentido que se siga discriminando a nuestros hijos utilizando como escusa el Evangelio, cuando en él se predica el amor al prójimo y Jesús no rechaza a nadie, salvo a los ‘fariseos’ que ponen la ley y la tradición por encima de las personas”.
Desde Familias por la Diversidad señalan que el mayor sufrimiento hoy en día lo padecen los jóvenes homosexuales de familias creyentes y conservadoras,
y por eso es necesario sensibilizar a las comunidades cristianas para que entiendan que la homosexualidad es algo completamente natural.
La campaña, apoyada en un vídeo y una cuña de radio, pretende servir de apoyo a las comunidades cristianas comprometidas con la igualdad, facilitando a sus miembros la web www.homosexualidadyreligion.tk.
A través de esta página, gestionada por el colectivo COLEGA, se pueden descargar la “guía breve para conciencias limpias” y la “unidad didáctica sobre religion y diversidad afectivo-sexual”, materiales especialmente útiles para catequistas y profesorado de religión.
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“Benedicto XVI y las amenazas contra la humanidad”, por Jean Wyllys.

Por su interés, reproducimos la columna que Jean Wyllys, primer diputado abiertamente gay de Brasil, ha publicado tras las recientes declaraciones de Joseph Ratzinger en las que este condenaba una vez más contra el matrimonio entre personas del mismo sexo, que considera una amenaza para el porvenir de la humanidad. La traducción al castellano es de Bruno Bimbi, activista LGTB argentino:
El papa Benedicto XVI dijo que el matrimonio homosexual “amenaza el futuro de la humanidad”.
Yo pensaba que lo que lo amenazaba eran las guerras (muchas de ellas, étnicas o religiosas), el hambre, la miseria económica, la desigualdad y las injusticias sociales, la violencia, el tráfico de drogas y de armas, la corrupción, el crimen organizado, las dictaduras de todo tipo, la supresión de las libertades en diferentes países, los genocidios, la polución ambiental, la destrucción de las florestas, las epidemias…
Pero el papa, aun siendo consciente de todos esos males y de que su institución —la Iglesia católica apostólica romana— contribuyó con muchos de ellos a lo largo de la historia occidental, dijo que la humanidad está amenazada por el hecho de que dos hombres o dos mujeres se amen y, por eso, decidan construir un proyecto de vida en común y obtener el reconocimiento legal de esa unión para gozar de derechos ya garantizados a los heterosexuales.
El amor y la felicidad como amenazas contra la humanidad: fue lo que dijo Benedicto XVI.
¡¿El amor, una amenaza?!
De todos los desatinos del papa, este fue el que más me chocó. Tal vez porque su afirmación extravagante y anacrónica viola directamente mi dignidad humana como homosexual visible y orgulloso de mi orientación sexual y de mi formación científica (sí, porque la afirmación de Benedicto XVI parte de la creencia absurda de que el matrimonio civil igualitario va a transformar a todos los hombres y mujeres en homosexuales y va a impedir que todas las mujeres de la tierra recurran a las técnicas de reproducción artificial).
El amor, como la fe, es inexplicable: se siente o no. No hay diccionario que pueda definirlo; sólo el poeta puede decir algo —”fuego que arde sin verse, herida que duele y no se siente”—, pero para entenderlo, es preciso sentir todo lo que el papa, los cardenales, los obispos, los curas, por las reglas del trabajo que eligieron desde jóvenes, tienen prohibido sentir, ya sea por otro hombre o por una mujer.
Tal vez por eso no entienden.
Pero el amor nunca puede ser una amenaza para la humanidad; antes, sí, una salvación para sus peores males, un antídoto contra los venenos que la intoxican, una vacuna contra las enfermedades que la afligen. El papa está equivocado de cabo a rabo. No entendió nada de nada.
Sin embargo, aunque no haya entendido, debería tener un poco de responsabilidad. Sus palabras tienen poder, influencia, entran en la cabeza y en el corazón de millones de personas en el mundo entero. Podría usarlas para hacer el bien.
En vez de dedicar tanto tiempo y esfuerzo en injuriarnos a los homosexuales —confieso que no consigo entender el porqué de esa obsesión que tiene con nosotros—, el papa podría colocarse en la lucha contra los verdaderos males que amenazan, sí, a la humanidad. Esos que matan millones, que arruinan vidas, que condenan a pueblos enteros.
Benedicto XVI no puede continuar difundiendo el odio y el prejuicio contra los gays. No puede decir que nosotros, sólo por amar, sólo por reclamar que nuestro amor sea respetado y reconocido, somos “una amenaza”.
Por otra parte, porque ese tipo de frases tiene una historia. “¡Los judíos son nuestra desgracia!” (“Die Juden sind unser Unglück!”), dijo el historiador Heinrich von Treitschke, y esa desgraciada expresión, publicada en la revista alemana Der Sturmer y luego usada como lema por los nazis, terminó en lo que terminó.
Los homosexuales también lo sabemos: nuestro destino en la Alemania nazi, donde Benedicto XVI pasó su juventud, era el mismo de los judíos, sólo que en vez de la estrella de David, lo que nos identificaba en los campos de concentración era el triángulo rosa.
La tragedia del nazismo debería haber servido para aprender que el otro, el diferente, no es una amenaza, ni una desgracia, ni el enemigo. Y nosotros, los homosexuales, no amenazamos a nadie. Nuestro amor es tan bello y saludable como el de cualquiera. Y merecemos el mismo respeto y los mismos derechos que cualquiera.
De la misma manera que sucede ahora con el “matrimonio gay”, el matrimonio entre blancos y negros —llamado, en la época, “matrimonio interracial”— ya fue considerado “antinatural y contrario a la ley de Dios” y una amenaza contra la civilización.
En una sentencia de 1966, un tribunal de Virginia que convalidó su prohibición usó estas palabras: “Dios Todopoderoso creó a la razas blanca, negra, amarilla, malaya y roja y las colocó en continentes separados. El hecho de que Él las haya separado demuestra que Él no tenía la intención de que las razas se mezclaran”.
El matrimonio entre alemanes “de raza aria” y judíos también fue prohibido por Hitler. Hasta los evangélicos tuvieron el derecho al matrimonio negado en muchos países durante mucho tiempo, porque eran, también, una amenaza para la Iglesia católica. Parece que algunos pastores no se acuerdan, pero fue así.
En Argentina, que en 2010 aprobó el matrimonio igualitario, la primera gran reforma al Código Civil, en el siglo XIX, fue impulsada por la demanda de los protestantes, que reclamaban por el derecho a casarse. Varias parejas de no católicos se presentaron en la justicia, como ahora hacen los homosexuales. Cuando el país aprobó la ley de creación del Registro Civil, y después el matrimonio civil, en 1888, hubo graves enfrentamientos entre el gobierno argentino y la Iglesia católica, que incluyeron la ruptura de las relaciones diplomáticas con el Vaticano.
En el Senado, uno de los opositores al matrimonio civil dijo que, a partir de su aprobación, perdida la “santidad” del matrimonio, la familia dejaría de existir. La ley fue llamada “obra maestra de la sabiduría satánica” por monseñor Mamerto Esquiú, quien dijo sobre los gobernantes argentinos de la época que “se amamantan de los pechos de la gran prostituta, la Revolución Francesa”.
Todas las predicciones apocalípticas que fueron hechas contra la ley de matrimonio civil, sin embargo, no se cumplieron.“Anunciaron, garantizaron que el mundo se iba a acabar… pero el mundo no se acabó”.
Pasó más de un siglo, pero las discusiones son las mismas. Los argumentos son los mismos. El papa Benedicto XVI continúa sin entender. No entiende, tampoco, que el matrimonio civil y el matrimonio religioso son dos instituciones diferentes. El matrimonio civil está reglamentado por el Código Civil, que puede ser modificado por el Congreso, mientras que el matrimonio religioso depende de las leyes de cada iglesia: por ejemplo, el matrimonio católico es diferente del judío. El matrimonio religioso se hace en la iglesia, templo, mezquita o terreiro; el civil, en el Registro Civil. Para celebrar el matrimonio religioso en la Iglesia católica, los novios deben ser bautizados o hacer un juramento que substituye el bautismo, y deben realizar un curso previo en la iglesia, lo cual no es necesario para el matrimonio civil, que puede ser celebrado por personas de cualquier religión o por ateos.
El matrimonio religioso, en la mayoría de las iglesias cristianas, es indisoluble; mientras que el civil admite el divorcio. En consecuencia, una persona se puede casar en la iglesia apenas una vez en la vida, pero puede casarse cuantas veces quiera en el Registro Civil, siempre que esté divorciada. El matrimonio religioso, para que produzca efectos jurídicos [N. del T.: en Brasil, pero no en Argentina, donde la ley sólo reconoce el civil], debe ser registrado en el Registro Civil, mientras que los efectos jurídicos del matrimonio civil son inmediatos.
Lo que los homosexuales reclamamos es el derecho al matrimonio civil. El proyecto de enmienda constitucional que estoy impulsando en el Congreso no se mete con el matrimonio religioso, cuyos efectos jurídicos son reconocidos por el artículo 226 § 2 de la Constitución brasileña, que será mantenido tal como está. Mi proyecto legaliza el matrimonio civil entre personas del mismo sexo, pero no dice nada sobre el matrimonio religioso. De la misma manera que el Estado no debe interferir en la libertad religiosa, las religiones no deben interferir en el derecho civil. Este último es una institución laica, que debe atender por igual las necesidades de aquellos y aquellas que creen en Dios —en cualquier dios o en varios dioses— y también de aquellos y aquellas que no creen.
Llegará el día en que un niño irá a la biblioteca de la escuela para buscar, en los libros de historia, alguna explicación sobre un hecho sorprendente que el profesor comentó en clase: “Hasta principios del siglo XXI, el matrimonio entre dos hombres o dos mujeres no estaba permitido”. Para nuestro pequeño ciudadano, esa antigua prohibición resultará tan absurda como hoy nos resulta la prohibición del matrimonio entre negros y blancos, o del voto femenino. Y si descubre, en la biblioteca, que hubo un día en que un papa dijo que el matrimonio gay amenazaba a la humanidad, probablemente sentirá la misma repulsión que nosotros sentimos al leer la desgraciada frase de von Treitschke.
Benedicto XVI debería pensar si quiere pasar a la historia de esa manera. Aún está a tiempo. Ojalá que algún día sea capaz de entender y aceptar el amor —cualquier manera de amor y de amar— y hacer aquello que Jesucristo predicaba: “Amarás al prójimo como a ti mismo”.
Jean Wyllys
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Documental sobre homosexualidad ((Porque La Biblia Me Lo Dice))














