Curan el VIH con un transplante de médula ósea

Diversos medios de comunicación hablan hoy del primer paciente con sida “totalmente curado”. La noticia tiene un transfondo real, aunque se trata
de un caso excepcional que no es aplicable a la generalidad de las personas que viven con VIH. Es, en cualquier caso, una buena noticia.
Se trata de Timothy Ray Brown, un estadounidense afincado en Alemania (él mismo ha desvelado su identidad en una entrevista publicada por la revista alemana Stern).
Brown desarrolló una leucemia (un tipo de cáncer sanguíneo) de la cual fue tratado en 2007 mediante un transplante de médula ósea.
Se trata de un procedimiento por el cual, mediante radioterapia y/o quimioterapia, “se mata” la médula ósea del enfermo (el tejido existente en el interior de los huesos, encargado de fabricar las células de la sangre)
y se le transfieren células madre procedentes de la médula ósea de un donante compatible.
En este caso, dado que Brown era seropositivo, se optó por un donante cuyas células, además de compatibles, tuvieran una mutación natural que las hace resistentes al VIH (mutaciones que explican, por ejemplo, que haya un pequeño porcentaje de personas infectadas que, sin tratamiento, nunca llegan a desarrollar la enfermedad).
Con posterioridad al trasplante, se comprobó la ausencia de replicación viral pese a la suspensión del tratamiento contra el VIH que el paciente tomaba antes (de hecho el caso ya había sido publicado por The New England Journal of Medicine en febrero de 2009),
pero los investigadores temían que en algún momento durante la “reconstitución” del sistema inmune del paciente el virus, probablemente acantonado en otros tejidos, se detectara de nuevo.
Sin embargo, tres años y medio después, esto no ha sucedido, por lo que en un artículo publicado hace unos días en la revista Blood han “sugerido” que puede hablarse de curación
La curación de Brown, si asumimos ese término, es sin duda una excelente noticia, tanto por él mismo como por la información que aporta a los investigadores que buscan nuevas formas de luchar contra el VIH.
Debemos ser, no obstante, cautelosos: su caso no es, a día de hoy, generalizable. Entre otros problemas, el trasplante de médula ósea es un procedimiento que cuenta con un riesgo de complicaciones elevado (incluyendo la muerte) y que obliga, por sí mismo, a seguir un tratamiento.
El procedimiento sí que podría ser utilizado en pacientes con VIH/sida que desarrollen cánceres sanguíneos.
Pero ni siquiera así parece sencillo: sería necesario además que hubiera suficientes donantes de médula ósea para que exista una posibilidad real de encontrar donantes compatibles que además sean portadores de la mutación adecuada.
Fuente : AP

















