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La Coctelera

TORREDEMBARRA GAY (T.g)

3 Diciembre 2009

Gays y lesbianas católicos de Cataluña denuncian la cobardía de la jerarquía

Paulina y Encarnita, católicas practicantes y felizmente casadas en 2005, pero que son pareja desde hace casi 40 años. Colaboran activamente en su parroquia, pero les duele la posición que mantiene la jerarquía ante la realidad homosexual.

“Están dispuestos a bendecir perros, gatos y edificios, pero no una unión homosexual fundada en el amor, en un proyecto de vida en común, en la fidelidad y el respeto”, denuncia Paulina.

Ella, que acaba de cumplir 60 años, nunca se ha planteado la posibilidad de confesarse o dejar de comulgar por la relación que mantienen.

“Que digan lo que quieran, pero está en contradicción con el mensaje de Jesús”, sentencia al referirse a la doctrina oficial de la iglesia. “Dios no nos preguntará a quién hemos amado, sino cuánto hemos amado. Y si de algo nos pedirá cuentas será de no haber amado lo suficiente”, concluye.

La posición de muchos sacerdotes católicos a título individual es diferente. Paulina explica que cuando se aprobó el matrimonio entre personas del mismo sexo, su párroco censuró la norma en unos términos que les dolieron profundamente, tanto que dejaron de asistir a la parroquia. Después se sinceraron con el sacerdote, que ignoraba su relación, y éste cambió totalmente su actitud.

Otro ejemplo: a la ceremonia civil de su boda asistió un amigo jesuita, que incluso les dedicó unas palabras al final de la ceremonia. Ellas pidieron la bendición. Pero eso parecía suponer para el sacerdote un conflicto moral, tanto que tuvo que consultar con un compañero, José María Díez Alegría. El sacerdote casi centenario opinó que por supuesto debían ser bendecidas.

Paulina lamenta, pese a todo, que siempre reciben los apoyos a título individual. “Son cobardes. La iglesia no se atreve a dar un paso, a pesar de lo que están diciendo psicólogos y teólogos. Tendrán que pasar 500 años”, reconoce. Aunque los agradecen, no se darán por satisfechas hasta que acabe toda discriminación.

Otro testimonio interesante es el del joven Octavi. “Nosotros tenemos un segundo armario del que salir”, cuenta.

El joven dice sentir “aún más radicalismo en el segundo armario”, que es en el que oculta su condición de católico a otros gays, que no comprenden cómo se puede pertenecer a una iglesia que les trata tan mal. “Hay mucho anticlericalismo en el colectivo gay y me duele”, confiesa.

Explican, por cierto, que la última agresión moral que ha sufrido la ACGIL no procede de la jerarquía supuestamente más conservadora, sino de la orden de los jesuitas, que les ha negado la iglesia de la calle Casp para celebrar una misa con motivo de un próximo encuentro en Barcelona de cristianos LGTB. “Nos respondieron que celebremos la misa donde hacemos las conferencias”, cuenta Paulina, decepcionada.

Fuente : El País

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