Homenaje a Mario Merlino, escritor, traductor y defensor de los derechos LGTB

Mario Merlino ,nos dejo un 28 de Agosto . Poeta, activista de la traducción, era un hombre generoso y versátil.
Falleció a los 61 años, en Madrid, después de que se le complicara una enfermedad de origen hepático. Era el presidente de la ACETT,
organización de defensa de los derechos de los traductores. Y era también un ardiente defensor de los derechos de los homosexuales.
Era argentino. Cuando la amenaza de la dictadura militar se hizo más sangrienta abandonó su país, con el artista Óscar Manesi, uno de los grandes grabadores contemporáneos. Sus amigos del Centro de Arte Moderno (
una institución de carácter cultural que dirigen en Madrid sus compatriotas Raúl Manrique y Claudio Pérez Míguez) le recordaban ayer sobre todo en su faceta pública, como poeta que se enraizaba en sus versos para hacerlos vivos y públicos.
Trabajó en teatro. Esa pasión convivió luego en su actividad como poeta y performer. Él creía que la poesía era palabras y acción, nunca debía ser estática; combinaba a Oliverio Girondo con Alejandra Pizarnik y Ramón Gómez de la Serna.
Sus propios versos (que publicó en libros) los concebía también como elementos de una acción pública, así que su última obra, Arte cisoria, la presentó (en el Centro de Arte Moderno) en medio de una performance que combinaba la sangre con la voz. Tenía, por cierto, una voz extraordinaria.
Recordaban ayer sus amigos algunas de esas performances. Se veía a Merlino en medio de una superficie de arena, afilando lápices, dejando que las virutas fueran cayendo al mismo tiempo que recitaba, con aquella voz honda y bien timbrada, los versos que había seleccionado.
En otra ocasión, en el penúltimo Encuentro Internacional de Performances, Merlino pelaba una manzana mientras recitaba versos,
como si los versos cayeran al tiempo que caían las cáscaras. Él concebía la poesía como un sonido;
por eso organizaba recitales de poemas que se leían en sus idiomas originales, mientras él iba haciendo las traducciones.
Como traductor tuvo muchos éxitos, que él cambiaba por conseguir para sus compañeros los derechos de cita y los derechos de prestigio que debe arropar la vida de cada traductor. Él decía que los lectores tienen derecho "a devolver un libro mal traducido".
En una entrevista que se puede hallar en Google, y que hizo para una revista comercial, se lee esta declaración suya, sobre la diversidad de materias y oficios que abordó: "Cuando era muy jovencito defendía ante mis compañeros de universidad, de teatro y de café el don de la ubicuidad. (...)
Aún perdura mi afán por abarcar muchas cosas, no perderme nada y ser un hombre diverso. No lo limito al campo profesional, también en la vida cotidiana, en la relación con las personas. Siempre rechacé esa manía de los intelectuales de rodearse sólo de intelectuales.
Para mí no existe una jerarquía entre los muy sabios o poco sabios. Lo interesante está en comunicarte con las personas".
Lo llevó a rajatabla. Su oficio de traductor, al que dedicó mucho del tiempo que tuvo, es acaso la expresión más cabal de su deseo de la ubicuidad: ser él y el otro, al mismo tiempo, viajar de una voz a la voz propia, sin dañar ninguna.
Tradujo a la gente que le gustaba: Antonio Lobo Antunes (cuyo libro Auto de los condenados, publicado por Siruela, le valió el premio Nacional de Traducción), Eça de Queiroz, Joao Ubaldo Ribeiro, Natalia Ginzburg, Nélida Piñón...
Él era un poeta, y era consciente de que la poesía era un instrumento perfecto (por la calidad de su sonido) para trasladar al idioma propio las palabras ajenas.
Por otra parte, ese deseo suyo de ser un hombre para las personas lo consiguió con creces; sus amigos destacaban ayer su generosidad desinteresada, su frenética actividad a favor de que los demás fueran más felices y tuvieran más derechos para ser más libres.
Y quiso ser Merlino y muchos más, para cumplir con su deseo de prolongarse. En aquella entrevista decía: "En un proyecto de novela que nunca terminé, hay un personaje de una abuela, la que nunca tuve, que hablaba en todos los idiomas del mundo.
Era la proyección de mí mismo, de mis ideales". Desaparecía detrás de las palabras de los otros autores; es curioso, lo hacía así para multiplicar la voz quedándose él a oscuras. Un traductor, un poeta.
Fuente : EL País
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Libro: ¿Qué haré cuando todo arde?
Autor: António Lobo Antunes
Mario Merlino
Dolores Vilavedra
Fecha de edición: 2003
Editorial: Siruela
Páginas: 576
Materia: Ensayo - Narrativa Masculina
Precio: 27,50 €
En esta nueva novela António Lobo Antunes y con la colaboración de Mario Merlino y Dolores Vilavedra insiste en el tema de la disolución de la identidad.
Y lo hace a través de la figura de un travesti visto desde la perspectiva de su hijo. Pero también es la historia de una familia que se disuelve.
Sin embargo, no sólo son los personajes los que se transfiguran en otros revelando la fragilidad de sus perfiles, también se desdibujan los límites entre seres humanos, los animales, las cosas.
Como si el camino hacia la muerte se fuese gestando a través de ese caos de lo diferente en el que una llave, las flores, los perros adquieren condición de personajes.
El título de la novela ilustra además la función de la escritura y una de las constantes del autor: todo se deshace, la sucesión de las cosas se interrumpe, da la impresión de que el propio texto “arde”.


















MARIA dijo
Estamos planeando un homenaje a Mario y me interesaria tener una informacion mas detallada de algunas de sus "performances". ?Podria alguien indicarme el sitio donde encontrar esa informacion? Muchas gracias.
Maria
18 Septiembre 2009 | 07:58 PM