Taxi boys: los portadores del odio

La muerte del colaborador de Susana Giménez (La presenta más popular de Argentina) colocó, de nuevo en el centro del debate de la opinión pública,
la importancia de analizar el fenómeno de la prostitución masculina y la vulnerabilidad de la población LGBT ante hechos de violencia que pueden llegar a desembocar en la muerte de quien paga por los servicios sexuales.
Todo comienza como un juego. En Buenos Aires, el epicentro lo fijan las intersecciones de las avenidas Santa Fe y Pueyrredón, plena zona roja gay.
Los jóvenes de entre 20 y 25 años caminan en busca de clientes deseosos de pasar una noche de sexo acalorado.
Los destinatarios del servicio y —en algunos casos futuras víctimas— en su mayoría pasan los 40 años de edad. Profesionales en áreas vinculadas especialmente con lo artístico o a la estética son quienes más los demandan.
Después de que se fija un precio por el servicio, el joven acompaña al cliente a su departamento. Y ahí es donde pueden comenzar los problemas.
En la mayoría de los casos, el desconocido se va “por las buenas” y sólo exige lo acordado. Pero a veces pasa que todo desemboca en un episodio de violencia y hasta de muerte.
Historias hay para todos los gustos, desde quienes dicen haber sido dormidos por la acción de un sedante y al despertarse no tienen nada, pasando por la clásica “bajo dos segundos a comprar preservativos”
y cuando la víctima se da cuenta le falta dinero y joyas. Y la variante más terrible, que es cuando el cliente es torturado hasta la muerte para que entreguen más de lo acordado:
dinero, joyas, relojes y cualquier tipo de bienes que quepan en un pequeño bolso a hasta escondidos en los abrigos.
Taxispectiva
Podemos llamarlos taxi boys en la Argentina, “miché” en Brasil, “chapero” en España o “hustler” en Nueva York.
A ciencia cierta, deberíamos remontarnos a Grecia para localizar sus primeras huellas. La relación entre un efebo y un amante adulto constituía el prototipo de amor entre los griegos, aunque no siempre había una remuneración.
El poeta e investigador argentino Néstor Perlongher publicó un interesante artículo en la revista de Psicología de Tucumán en diciembre de 1981 en el que decía sobre la prostitución masculina que “cuando un adolescente de nuestros días huye de —o es abandonado por— su familia para vender sus encantos a clientes homosexuales,

se puede percibir en su escapada de la normalidad heterosexual no sólo un lejano eco de aquella desenfadada misoginia (haciendo referencia a lo que ocurría en Grecia) sino también un incidente de la resistencia de las poblaciones al modelo de genitalidad impuesto a partir del judeocristianismo”.
Sobre la violencia y los crímenes de odio, Perlongher escribió en letra de molde, que “la precariedad de las imágenes torna al taxi boy proclive al brote, a la agresión, al insulto, al robo, al chantaje, haciendo uso del lugar de chivo emisario a que el aparato social condena a los homosexuales.
Episodios como el asesinato de Pasolini, en 1975, muestran la disponibilidad de estos prostitutos para convertirse en agentes terroristas de una ley a costa de cuya transgresión viven”.
Pero hace una salvedad, “ni tan víctima, ni tan verdugo: el taxi boy no es por lo general una persona depravada.
Puede que cometa uno que otro delito insignificante o que robe a su cliente, pero de ordinario, se sujeta a ciertas reglas de conducta que constituyen el reglamento de sus actividades comerciales” escribió.
Perlongher, basado en los escritos de otros autores que estudiaron el fenómeno, adjudica la mayoría de los actos de violencia a una reacción debido a la concepción de la homosexualidad como un hecho de delincuencia.
Crímenes de odio
Para averiguar más sobre este tema, hablamos con Marcelo Suntheim, secretario de la Comunidad Homosexual Argentina (CHA).
Esta institución lleva trabajando varios años en Buenos Aires, investigando el comportamiento social de las minorías sexuales y luchando para que se reconozcan derechos básicos para gays, lesbianas y transexuales.
Consultado por AG Magazine sobre por qué la población homosexual es proclive a estos hechos delictivos, Suntheim sostiene que “son mas vulnerables las personas gays y lesbianas de cierta edad a la violencia, asaltos y atracos por un tema de visibilidad;
esto significa que muchas pertenecen a generaciones que debían ocultar su orientación sexual para no tener perjuicios como el despido del trabajo,
la discriminación de su entorno social e incluso de su familia. Y como están formadas de esa manera difícilmente pidan ayuda en estas situaciones, particularmente si el hecho se origina al haber solicitado los servicios de un taxi boy”.
La discrimación como tema de fondo aparece una y otra vez a lo largo de esta investigación. Suntheim aclaró que “es el temor al escándalo dentro del edificio o el entorno en el que vive esta persona, lo que evita que pida auxilio a sus vecinos, sólo para que no descubran que son gays o que están con un taxi boy”.
Por otro lado, el activista de la CHA remarcó que “lo mas importante cuando se dan estos hechos de violencia contra gays, lesbianas y travestis, es que pueden salir mas perjudicados si la persona que está protagonizando como atacante en el episodio, tiene homofobia o transfobia,
porque esta situación puede derivar en un ataque violento con agresión física e incluso en la muerte. Cuando esto sucede pasa a ser un crimen de odio; o sea, un crimen que —de no mediar la orientación sexual de la persona— no hubiese terminado con la muerte” concluyó.
El presidente de la CHA, César Cigliutti, agregó que en “la mayoría de los casos son personas con un nivel económico muy bueno que terminan siendo asesinadas en sus casas, pero a muchas apenas les roban.
Aparecen desnudas, apuñaladas, atadas a una silla. Un ladrón roba todo pero no deja a la persona desnuda. Son crímenes con odio” alertó.
Reclutamiento y soluciones
Por su parte, el abogado Néstor Gamella, reconocido públicamente por su trabajo en la difusión del deporte entre la comunidad gay, se mostró preocupado por el tema. Y no es la primera vez que plantea públicamente su posición sobre la prostitución masculina.
El fundador de Los Dogos develó que el año pasado, personas de dudosa moral, tentaron a varios jugadores del equipo de futbolistas gays a tener sexo por dinero.
Gamella, como director técnico de la DAG Dogos, luchó e incluso mantuvo acaloradas
discusiones con varios jugadores que ya no están en el equipo debido a ese problema.
Personas que están claramente identificadas, vieron en un emprendimiento joven y fresco como los Dogos Argentinos Gays un semillero,

pero no de jóvenes promesas del fútbol, sino para alimentar prostíbulos clandestinos de Barrio Norte y del exterior.
En diálogo con AG Magazine Gamella dijo que “los que ya tenemos años sabemos que están decayendo los valores sociales como el trabajo y el estudio.
Muchas veces los modelos del éxito social no están emparentados con el esfuerzo y sí a acceder a dinero fácil.
Éste —el de la prostitución masculina— es un fenómeno social en el que, por lo que entiendo, no se hace lo necesario para desestimularla, incluso desde el poder político”.
Consultado sobre los motivos por los cuales sigue creciendo el número de taxi boys en las calles y que sean cada vez mas jóvenes,
nos respondió que “hay cosas como el turismo internacional que lo facilita. Por ejemplo, las personas que llegan a Buenos Aires y están dispuestos a pagar por sexo” afirmó.
A propósito de los hechos a los que hacíamos referencia, sobre las personas que se acercaron a la institución con fines “insanos”, el director técnico de los Dogos dijo que “jamás voy a permitir que haya gente que acceda a nuestro equipo para reclutar u obtener servicios por parte de los jugadores.
Por dicho motivo nuestros chicos deben mantener una conducta que, posiblemente en algún aspecto, los lleva a privaciones económicas, pero no andan en boliches semi desnudos bailando”.
Sobre cómo se podría solucionar la criminalidad vinculada con la prostitución masculina, Gamella opina:
“En lo personal, creo que el problema es que los gays no se animan a acudir a la policía. Desconfían mucho y sienten que en las comisarías son marginados y cuestionados por su sexualidad al momento de hacer una denuncia”.
La verdad incómoda
Los últimos años nos han dejado una larga lista de casos policiales vinculados con taxi boys. El 29 de octubre de 2001, el relacionista público Claudio “La Clota” Lanzetta apareció muerto en su departamento de Palermo.
La investigación determinó que lo que empezó siendo una alocada fiesta de pasión y lujuria con taxi boys, derivó en un trágico robo seguido por la muerte del anfitrión. Hay dos personas procesadas por ese homicidio.
Más adelante en el tiempo, dos taxi boys fueron detenidos en el año 2003 por el crimen de Mariano Bongiorno (35). Los jóvenes mataron a puñaladas al individuo y el cuerpo fue hallado semidesnudo en su departamento del primer piso de Godoy Cruz al 2900, en el barrio de Palermo.
En el año 2004, un masajista fue asesinado a golpes y 16 puñaladas en el barrio porteño de Balvanera.

Ese mismo año y con apenas dos semanas diferencia, en Cerrito y Santa Fe un hombre de 62 años fue asesinado de una puñalada en el cuello. En ambos casos los asesinos fueron chicos que ejercen la prostitución.
Un asesino reincidente fue Miguel Ángel Gómez (24), quien mató en el 2002 a un odontólogo en Ramos Mejia y cinco años después a una gerenta de marketing, Verónica Tomini (25).
Los ataques de taxi boys hacia clientes no son exclusivos de Buenos Aires. En el año 2004, la ciudad de Rosario se despertó con la noticia de la muerte de Roberto Carlos González.
Su atacante, que rondaba la zona del Hipódromo, fue un joven taxi boy de nombre José Vicente Robles. La víctima se negó a abonar los treinta pesos que habían acordado y por eso fue asesinado. Robles fue condenado a nueve años de cárcel.
El último caso resonante, fue el asesinato del decorador Gustavo Lanzavecchia. Conocido por su relación con la conductora televisiva Susana Giménez, apareció muerto en su piscina hace algunas semanas atrás, luego de haber sido atacado por al menos tres personas.
Uno de los acusados por el crimen dijo que mató a Lanzavecchia, porque éste se negó a darle el dinero que habían pactado.
Hasta el momento hay tan solo dos imputados que siguen detenidos en la Delegación Departamental de Investigaciones (DDI) de La Matanza a la espera de que la jueza de Garantías, María Castillo, resuelva su situación procesal.
El caso está caratulado como “Homicidio crímines causa” (cuando se mata para ocultar otro delito) que tiene previsto una pena de reclusión perpetua. Una pena no tan “perpetua” ya que en Argentina son unos 25 años de cárcel.
La lista es mucho más extensa, e incluso hay crímenes que ya han quedado archivados por la falta de investigación de la Justicia, permitiéndole a los asesinos caminar hoy impunemente por algunos de los barrios más exclusivos de Buenos Aires en busca de sus próximas ocasionales víctimas.
Mientras el poder político haga caso omiso a las señales que desde todos los sectores se vienen dando sobre el aumento de los crímenes de odio en todas sus formas, seguiremos lamentando la muerte de muchas personas, sólo por pertenecer a una minoría.
Fuente : AG MAGAZINE

André Barbosa dijo
En Brasil tenemos el mismo: los taxi boys cada día más violentos y la policía nunca tene hecho cualquier acción para deter-los.
1 Octubre 2009 | 03:34 AM