Los Inesistentes Derechos Humanos En China


La situación de los gays en China .La comunidad gay es una víctima "de las redadas policiales en Beijing y Shanghai." La homosexualidad sigue perseguida por las autoridades.
Después de que ayer durante su transcurso por París, la llama olímpica se apagase, la cuestión de la falta de derechos humanos en China está más que nunca de actualidad.
De esta forma se ha sacado a la luz la cuestión de la independencia del Tibet, la represión de los homosexuales y de los seropositivos, sobre todo en Pekín.
El gobierno chino acaba de reforzar la represión de los establecimientos y asociaciones homosexuales.
Se han cerrado algunas saunas así como el club gay más conocido de Pekín “destination” ha sido intervenido varias veces y se han registrado varios parques de cruising pekineses.
Casi un centenar de trabajadores del sexo han sido interrogados vía chat en internet y detenidos. Los activistas LGTB que han enviado una petición a favor del matrimonio homosexual también han sido víctimas de irrupciones policiales.
Según un interloculor del militante Doug Ireland, “las autoridades han comenzado esta limpieza para avisar a la comunidad gay que es necesario que se muestren discretos mientras los Juegos.“

Casi medio siglo atrás, las tropas chinas invadieron Tíbet, llevando a un repentino y violento término los siglos de antiguo aislamiento de Tíbet detrás de los Himalayas.
El sello único del Budismo de Tíbet conformaba el núcleo de la cultura y sociedad tibetanas, un contraste radical al dogma materialista antirreligioso de los comunistas chinos.
Inmediatamente después de la invasión, el Dalai Lama, el líder espiritual y temporal de Tíbet, y casi 100.000 tibetanos huyeron al exilio en India.
En los años siguientes, la notable cultura y los habitantes de Tíbet han sido perseguidos sistemáticamente.
Alexander Solzhensitsyn describió el dominio de China en Tíbet como "más brutal e inhumano que cualquier otro régimen comunista en el mundo".
Historia de Tíbet desde la Invasión China
A pesar de cuarenta años de ocupación china y varias políticas diseñadas para asimilar o representar a los tibetanos y destruir su particular identidad nacional,
cultural y religiosa, la determinación del pueblo tibetano por preservar su patrimonio y reobtener su libertad sigue tan fuerte como siempre.
La situación ha llevado a la confrontación dentro de Tíbet y a un gran esfuerzo por hacer propaganda china a gran escala internacionalmente.
La Invasión China, 1949 - 51
El gobierno comunista recientemente establecido de China envió tropas a invadir Tíbet en 1949 - 50.
Se impuso un tratado sobre el gobierno tibetano en mayo de ese año, reconociendo soberanía sobre Tíbet, pero reconociendo la autonomía del gobierno tibetano con respecto a los asuntos internos de Tíbet.
En la medida que los chinos consolidaron su control, repetidamente violaron el tratado y una abierta resistencia a su dominio creció, conduciendo al Levantamiento Nacional en 1959, y la huida a India del jefe de estado y líder espiritual de Tíbet, el Dalai Lama.
La comunidad internacional reaccionó con conmoción ante los hechos en Tíbet. El asunto de Tíbet fue discutido en numerosas ocasiones por la Asamblea General de las Naciones Unidas entre 1959 y 1965.
Tres resoluciones fueron aprobadas por la Asamblea General condenando las violaciones de China a los derechos humanos en Tíbet, y requiriendo a China respetar esos derechos, incluyendo el derecho de Tíbet a libre determinación.
Después de 1959: Destrucción
La destrucción de la cultura de Tíbet y la opresión de su pueblo fue brutal durante los siguientes veinte años tras el levantamiento. 1.2 millones de tibetanos, un quinto de la población del país, murieron como resultado de las políticas de China; muchos más se consumieron en prisiones y campos forzados; y más de 6.000 monasterios, templos y otras construcciones culturales e históricas fueron destruidos y sus contenidos saqueados.
En 1980, Hu Yao Bang, Secretario General del Partido Comunista visitó Tíbet - el primer oficial superior en hacerlo desde la invasión. Alarmado por la magnitud de la destrucción que vio allí, solicitó una serie de reformas drásticas y una política de "recuperación".
Se dijo que su renuncia obligada en 1987, fue en parte resultado de esta visión sobre Tíbet.
En 1981, Alexander Solzhenitsyn describió el régimen chino en Tíbet, incluso, como "más brutal e inhumano que cualquier otro régimen comunista en el mundo".
La moderación de las políticas de China en Tíbet llegó muy lentamente después de 1979 y permanece severamente limitada.
Intento de Diálogo entre Tíbet y China
El Dalai Lama envió dos delegaciones para sostener conversaciones exploratorias a alto nivel con el gobierno chino y los líderes del partido en Beijing entre 1979 y 1984.
Las conversaciones no tuvieron éxito porque los chinos no estaban preparados en ese momento para discutir nada esencial, excepto el regreso del Dalai Lama del exilio.
El Dalai Lama siempre ha insistido en que su regreso no es un problema, en cambio, el tema que necesita ser tratado es el futuro de los seis millones de tibetanos dentro de Tíbet.
La opinión del Dalai Lama es que su propio regreso dependerá totalmente de la solución de la situación y derechos de Tíbet y su pueblo.
Alarmante Afluencia China
Enlos años recientes la situación en Tíbet se ha deteriorado nuevamente, induciendo en 1987 a abiertas demostraciones en contra del dominio chino en Lhasa y otras partes del país.
Uno de los principales factores conducentes a esta deterioración ha sido la gran afluencia de chinos en Tíbet, particularmente en sus ciudades principales.
El número exacto de chinos es difícil de estimar, puesto que la vasta mayoría se ha movilizado sin obtener los permisos oficiales de residencia para hacerlo.
De ahí que las estadísticas chinas son totalmente engañosas, contando solamente los pequeños números de inmigrantes registrados.
En las ciudades y fértiles valles de Tíbet, particularmente en el este de Tíbet, los chinos superan doblemente a los tibetanos, y a veces, los triplican.
En ciertas áreas rurales, particularmente en el oeste de Tíbet, hay muy pocos chinos. Independiente de las cifras, el impacto general de la afluencia es desbastador, pues los chinos no sólo controlan el poder político y militar en Tíbet, sino que también la vida económica e incluso la vida cultural y religiosa del pueblo.
Los militares chinos, al igual que los civiles establecidos en Tíbet han sido una fuente de gran preocupación para India, pues tienen un impacto directo en la seguridad de India. Por siglos Tíbet fue un 'amortiguador' vital entre China e India.
Fue sólo cuando las tropas chinas enfrentaron las tropas indias en la frontera indo-tibetana que las tensiones, e incluso la guerra, se desarrollaron entre las dos potencias más pobladas del mundo.
Mientras más se convierta a Tíbet en una provincia china, poblada por chinos, más fuerte se volverá la posición estratégica de China a lo largo de los Himalayas.
El creciente alcance militar de China ha llegado a ser ahora una fuente de preocupación para muchas naciones asiáticas, al igual que para India.
La Situación Legal de Tíbet
Los hechos recientes en Tíbet han intensificado la disputa sobre su situación legal. La República Popular China (RPC) reclama que Tíbet es parte integral de China.
El Gobierno Tibetano en exilio sostiene que Tíbet es un estado independiente bajo ocupación ilegal.
El asunto es altamente relevante, al menos, por dos razones. Primero, si Tíbet se encuentra bajo ocupación ilegal china, la transferencia a gran escala de colonos chinos de Beijing a Tíbet, es una seria violación a la Cuarta Convención de Ginebra de 1949, que prohibe la transferencia de población civil a territorio ocupado.
Segundo, si Tíbet se encuentra bajo ocupación ilegal china, la presencia ilegal de China en el país es objeto legítimo de preocupación internacional.
Por otra parte, si Tíbet es parte integral de China, entonces, estos puntos caen dentro de su propia jurisdicción interna, como proclama China.
El tema de los derechos humanos, incluyendo el derecho a libre determinación y el derecho del pueblo tibetano por mantener su propia identidad y autonomía, son, obviamente, objetos legítimos de preocupación internacional, independiente de la situación legal de Tíbet.
La RPC no reclama derechos de soberanía sobre Tíbet como resultado de una subyugación militar y ocupación de Tíbet tras la invasión del país en 1949 - 1950.
Así, China no alega que haya adquirido soberanía por medios de conquista, anexión o prescripción en este período. En cambio, basa su reclamo a Tíbet meramente sobre su teoría de que Tíbet ha sido parte integral de China por siglos.
El tema de la situación de Tíbet es en esencia una cuestión legal, no obstante, de relevancia política inmediata. La situación internacional de un país debe determinarse mediante un criterio legal objetivo, mas que político subjetivo.
Entonces, el que una entidad particular sea un estado en el derecho internacional depende de si posee el criterio necesario para la condición de estado (territorio, población, gobierno independiente, capacidad de conducir relaciones internacionales), no de si los gobiernos de otros estados reconocen su independencia.
El reconocimiento puede proporcionar la evidencia de que los gobiernos extranjeros están dispuestos a tratar una entidad como un estado independiente, pero no puede crear o extinguir un estado.
En muchos casos, como el presente, es necesario examinar la historia de un país para determinar su condición.
Dicho estudio histórico debe basarse, lógicamente, en las propias fuentes históricas del país, en vez de interpretaciones contenidas en fuentes oficiales de un estado foráneo, especialmente uno que reclama derechos sobre el país en cuestión.
Esto puede parecer evidente para muchos.
Al estudiar la historia de Francia examinamos materiales de información franceses, en vez de alemanes o rusos.
Sin embargo, apunto a esto precisamente porque el reclamo de China por soberanía sobre Tíbet se basa casi exclusivamente en historias oficiales chinas a su propio servicio.
Las fuentes chinas presentaron a la mayoría de los países con los que el emperador de China sostuvo relaciones, no sólo a Tíbet, como vasallos del emperador.
Al estudiar la historia de Tíbet, se ha de otorgar a las fuentes tibetanas importancia primaria, a las fuentes extranjeras, incluyendo las chinas, se les ha de conceder un peso secundario.
El Sistema Político en el Tíbet de hoy en día
Tíbet es gobernado estrictamente por el Partido Comunista Chino, con el apoyo activo de los militares.
El Partido gobierna a través de oficinas en cada provincia, región y prefectura autónomas. El gobierno está subordinado al Partido, el que lleva a cabo las políticas concebidas por el Partido. China ha establecido la panoplia completa del Partido y oficinas gubernamentales para administrar Tíbet como existe en China.
Sólo en Lhasa, hay más de 60 departamentos y comités, cuya mayoría está conectada directamente a las oficinas nacionales en Beijing.
De esta manera, Tíbet es "autónomo" sólo de palabra; en realidad, la Región Autónoma de Tíbet tiene menos autonomía que las provincias chinas. El cargo más alto de la R.A.T.,
Secretario del Partido, nunca ha sido manejado por un tibetano.
China mantiene un ejército de ocupación en Tíbet de, al menos, un cuarto de millón de integrantes.
La milicia y la policía, a menudo, se encuentran presentes en Lhasa y todo otro lugar de manera avasalladora, aunque a partir de febrero de 1992, la seguridad en Lhasa está dominada por policía encubierta y con vestimenta civil.
La milicia juega un papel mayor en la administración de Tíbet que en cualquier provincia china, y ningún tibetano ejerce dentro del liderazgo del distrito militar gobernante en Tíbet.
Aunque el Partido aún controla Tíbet, su control comienza a dividirse. Existe un penetrante descontento y desdén hacia el Partido Comunista y el gobierno en Tíbet, el que se encuentra incluso entre los miembros del partido y los funcionarios del gobierno.
La incompetencia y la corrupción han consumido algunas de las operaciones gubernamentales al punto que difícilmente funcionan y son una enorme pérdida de fondos del gobierno.
Durante la visita de la CJI (Comisión Jurídica Internacional) de un mes al este de Tíbet, resultó evidente que los objetivos del partido han sido reducidos drásticamente de los grandiosos planes de transformación social, humana y económica de alguna vez, a simplemente mantener el poder, cuidar de los colonos chinos y extraer los recursos naturales de Tíbet.
Ahora el partido parece tener poco que ofrecer a los tibetanos aparte de la represión que retiene a los tibetanos de una rebelión en masa. Nadie en Tíbet habla de cómo el partido se puede reformar, pues se ha vuelto algo que la mayoría de los tibetanos deben simplemente tolerar y evitar.
Algunos tibetanos utilizan el partido para su propio beneficio personal y profesional, e intentan mejorar las condiciones para los tibetanos a partir del sistema.
El último Panchem Lama tuvo éxito en sacar suficiente poder del sistema para mejorar las condiciones en una serie de áreas.
El Panchem Lama fue el único tibetano al que los chinos le temían, no como a los actuales líderes tibetanos tales como Ngawang Ngapo Jigme, Mao Rubai y Raidi, quienes cuentan con poco poder. Informes recientes desde Lhasa indican la creciente enajenación y desafecto entre los burócratas tibetanos de nivel medio y bajo, y la correspondiente pérdida de confianza en ellos por parte de sus superiores chinos.
La Situación de los Derechos Humanos en Tíbet
Las condiciones de los derechos humanos en Tíbet permanecen en un estado deprimente. Bajo la ocupación china, al pueblo tibetano se le niega la mayoría de los derechos garantizados en la Declaración Universal de Derechos Humanos, incluyendo los derechos de libre determinación, libertad de expresión, asamblea, movimiento, expresión y viaje.
Prisioneros Políticos
El permanente uso de fuerza militar excesiva por parte de China para sofocar la disidencia, ha significado mayores abusos de los derechos humanos, incluyendo múltiples casos arbitrarios de arrestos, encarcelamiento político, tortura y ejecución.
Los grupos de derechos humanos han documentado, al menos, 60 muertes de manifestantes por la paz desde 1987.
Los grupos de derechos humanos han confirmado, con nombre, más de 700 presos políticos tibetanos en Tíbet, aunque probablemente hay más de cientos, cuyos nombres no están confirmados.
Muchos son detenidos sin cargo o juicio por hasta cuatro años mediante regulaciones administrativas tituladas " reeducación mediante el trabajo".
Además, durante el año pasado, la inquietud se ha esparcido desde las áreas urbanas a las rurales.
Informes confiables sobre maltrato y tortura de detenidos y presos políticos en Tíbet logran difundirse.
Esto incluye golpizas, golpes eléctricos, privación de sueño o comida, exposición al frío u otras brutalidades.
A las organizaciones humanitarias y de derechos humanos se les niega el acceso a las prisiones y centros de detención en Tíbet.

















